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Toc: esos extraños "rituales" que se apoderan de uno

Toc: esos extraños "rituales" que se apoderan de uno
24/10/2012 |

Por trastorno obsesivo compulsivo se conoce a un cuadro de ansiedad caracterizado por pensamientos recurrentes que llevan a conductas repetitivas. En esta nota, un ranking de las obsesiones y compulsiones más frecuentes para identificar la propia 

Suelen causar gracia personas que reiteradamente incurren en los mismos actos, como si de un “mandato” se tratara. Pero ellos saben que tienen un problema.

Verificar varias veces si la llave de gas está cerrada antes de salir de casa. Corroborar una y otra vez que la alarma del auto fue activada correctamente antes de alejarse del vehículo. Lavarse compulsivamente las manos muchas veces al día. Comprobar que los muebles están donde deben estar. Ordenar la ropa por color, estación del año, categoría y cuanto parámetro de clasificación de vestimenta exista. Podrían enumerarse muchos más, pero para ejemplificar es suficiente. Se trata de diferentes tipos de trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Este  trastorno es frecuente: lo padece alrededor  del 1.6% al 2.5%  de la población. Es decir que 1 de cada 50 personas en el mundo  podrían sufrirlo.

La edad de inicio suele ser la adolescencia, aunque hay un tercio de adultos que desarrollan su TOC en la niñez.

Es un trastorno que responde a flujos temporales: sus síntomas aparecen, se retrotraen durante períodos determinados y vuelven a aparecer, casi siempre más agudizados, empeorando el cuadro. Generalmente, aumentados en periodos depresivos o de estrés.

Las variantes y acciones pueden ser miles y resulta imposible describirlas a todas, pero en general tienen una característica común: son ideas, pensamientos o compulsiones de realizar acciones determinadas que se imponen al sujeto, quien, a pesar de reconocerlas como ilógicas o absurdas no puede evitar de llevarlas a cabo, ya que de otra forma se apodera de él una sensación de angustia con temor de que algo malo va a ocurrir.

De esta forma el sujeto perderá horas lavándose o bañándose, tocará determinado número de veces los botones del televisor, cambiará de emisora varias veces, evitará tocar picaportes u objetos considerados sucios, se vestirá de una manera determinada o recorrerá un camino similar cientos de veces.

Tendrá pensamientos repetitivos, absurdos y parásitos que se presenten sin desearlo de manera recurrente.

En otros casos, el fenómeno se inclina hacia lo compulsivo: el sujeto ve una tijera o vidrio rotos y teme sufrir el impulso de clavárselo a un ser querido. Siente la compulsión de robar un objeto, de realizar un acto cualquiera, dar un beso, orinar en determinado sitio o realizar una maniobra absurda o golpear a una embarazada.

Este cuadro afecta a un número importantísimo de personas que generalmente lo sufren en silencio.

Si no se trata, el cuadro tiende a cronificarse determinando después de algunos años episodios depresivos secundarios generalmente severos y con alto riesgo de suicidio.

Pese a que el tratamiento produce un notable alivio sobre los síntomas, aún hay una enorme tendencia al ocultamiento o desconocimiento del tema por parte de los pacientes.

Las características muy particulares hacen que el paciente lo viva con prejuicio y vergüenza, no contándole ni siquiera al médico su verdadero problema, cuando éste no alcanza a interpretarlo.

Generalmente, creen que se trata de una “mala costumbre”, de una “manía”, o de algún “maleficio secreto”, que necesita ser tratado mágicamente. En otros casos el “yo soy así” justifica el cuadro, que persiste durante años arruinando la calidad de vida del paciente, restándole capacidad de concentración y trabajo y a veces sumiéndolo en interminables rituales que intentan controlar la situación.

Lo importante, como siempre, es no ocultar el problema, no temer sacarlo a la luz y solucionarlo evitando los pensamientos sobre la insolubilidad del problema.

Las compulsiones son las conductas a las que el sujeto se ve “obligado”, por una especie de “orden interna”, que lo supera, ya que dan la sensación de aliviar la ansiedad, pero finalmente, la aumentan.
 

Obsesiones de contaminación: preocupación extrema por contagiase a sí mismo o contaminar a un familiar o ser querido de alguna sustancia mágica o de la cual el sujeto no esté prevenido. La idea irracional se basa en que las sustancias que arbitrariamente elige el sujeto no son contaminantes de la forma en que él las plantea. Como por ejemplo: suciedad, secreciones corporales o ciertas enfermedades no trasmisibles. La contaminación puede ser trasmitida de forma “mágica”. Los objetos próximos al original suelen sentirse contaminados tan sólo por su cercanía.

Obsesiones agresivas: a la persona le invade un miedo intenso frente a la idea de agredir a un ser querido. El hecho de tener un pensamiento intrusivo éticamente incorrecto le despierta la idea irracional de verse capaz de dañar o lastimar a un desconocido,  familiar y/o hasta a sí mismo sin tener ninguna intención, por ello, de llevar a cabo ese acto. Sienten temor de insultar, agredir, cometer un delito o alguna acción terrible. Evitan estar en contacto con objetos tóxicos, punzantes y dejan de manejar  su auto por miedo de cometer un crimen.

Obsesiones sexuales: la persona tiene imágenes o pensamientos invasivos, recurrentes, desagradables, avergonzantes con respecto a la sexualidad. La duda es la característica central en este tipo de obsesiones. Las temáticas son variadas. Las ideaciones van desde una duda obsesiva e invasiva sobre su propia elección sexual, relaciones sexuales de tipo perversas o incestuosas, hasta imágenes sexuales intrusivas de carácter prohibido. Aun siendo consciente del rechazo o el miedo que le genera aquellas ideas la persona siente culpa por el solo hecho de haberlo pensado.

Obsesiones somáticas: las personas que sufren este tipo de obsesiones se encuentran muy dedicadas a las preocupaciones en cuanto a padecer una enfermedad. En ocasiones es difícil el diagnóstico diferencial con respecto a la hipocondría ya que existe cierta comorbilidad entre ambas. En el TOC la preocupación tiende a focalizarse en una enfermedad en particular o a lo sumo en dos, mientras que en la hipocondría la preocupación hacia las enfermedades tiende a generalizarse.

Obsesiones religiosas: las personas tienen la necesidad de confesar pecados íntimos inexistentes o imaginarios.

Obsesiones de coleccionismo patológico: la persona acumula objetos inútiles tales como papeles, diarios, envases, bolsas, ropa vieja, facturas de servicios antiguos, etc. La idea de deshacerse de dichos objetos le resulta difícil o imposible de realizar generándoles una angustia desmedida e irracional. Los sujetos que padecen de esta obsesión piensan que en algún momento necesitarán de ese objeto aun sin haberlo necesitado por años o padecerán consecuencias negativas por tirarlos.

Necesidad de precisión y simetría: sienten que tienen que colocar objetos de forma simétrica y ordenada. Algunos obsesivos también tienen la necesidad imperiosa de chequear en su mente cómo se dieron determinados acontecimientos, realizar comportamientos de forma simétrica o exactamente como su mente dice que deben realizarlo. El hecho de que los objetos están ubicados de forma asimétrica genera en el sujeto angustia o molestia excesiva sin poder tolerarlo. En oportunidades viene a su mente la idea obsesiva de que algo malo pueda ocurrir a sus familiares o a sí mismos.

Obsesiones de duda o responsabilidad patológica: generalmente las personas con esta obsesión se preocupan acerca de que algo malo pueda ocurrir si dejaran de verificar algún objeto que su mente le exige realizar. Es frecuente que el sujeto cierre repetidas veces y compulsivamente las puertas, ventanas, gas, etc. por temor a no haberlo realizado correctamente. 

Lavadores o limpiadores: las personas tienen la necesidad imperiosa de lavar excesivamente tanto sus manos, su cuerpo como un objeto.

Compulsión de verificación: las verificaciones son actos que se repiten una y otra vez con el fin de disminuir la ansiedad y se continúan de forma constante hasta que el sujeto sienta que esta se apaciguó por completo. Los rituales más frecuentes son: abrir y cerrar el gas, la puerta, canillas, puerta del auto, etc.

Ordenadores: son personas que tienden a acomodar ciertos objetos o situaciones en un orden determinado. Por ejemplo: ordenan sus placares por color, tamaño, etc.

Rituales mentales: las personas tienden a repetir palabras, frases o números sin sentido.

Asesoró: doctor Gustavo Bustamante, director general de Fobia Club 


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Autor: Red Box Multimedia en exclusiva para www.radioequis.com